sábado, 15 de agosto de 2020

Lecturas de fin de semana: Dante Elefante / Ferréopolis / Nico & Miko / D.E.S.Pareja

Continuando con la lectura de los libros abanderados por la premisa de Banda Dibujada, hoy toca leer cuatro títulos que a pesar de ser todos de J. J. Rovella no se pueden relacionar entre sí dada la versatilidad del autor a la hora de darles vida.


Dante Elefante


Este libro, tercer volumen de la Colección Aventuras Dibujadas, fue el primero que recopiló material protagonizado por el paquidermo mudo, mucho antes que Ediciones de la Flor hiciera lo suyo al respecto. Básicamente la temática es la misma: chistes y planteos gráficos mudos (la especialidad de Rovella) donde el ingenio y el absurdo van de la mano. Como corresponde a un protagonista que habla, sus compañeros de elenco mantienen la misma intención de rima en sus identidades: Hugo Tortugo y Olegario Canario. También se destacan un par de historias de varias páginas de extensión cada una, prueba evidente de que Dante podría estar a al cabeza de relatos ambiciosos sin ningún problema. Es más que obvio que un personaje así haya logrado ser publicado en las páginas de Spirou, nada menos.





Ferreópolis



Este fue el primer y único volumen de una serie que prometía mucho. En una ciudad cuya sociedad se compone de robots y animales mecánicos, Benjamín se siente diferente respecto a su familia, a tal punto que un hallazgo arqueológico puede convertirse en la fuente de las respuestas que ha estado buscando sobre sí mismo. Aunque tiene chistes y vueltas humorísticas para suavizar el relato (incluso un cameo "mecanizado" de Dante Elefante), es tierna y emotiva, especialmente a medida que va culminando el relato. Es una lástima que La Vuelta al Globo nos haya quedado debiendo con nuevas entregas de esta historia, cuyo final abierto invita a seguir leyendo.





Niko & Miko



Ya de la mano de ¡Toing! Colección nos llegan dos títulos más, el primero de los cuales me supone el más ambicioso de esta reseña en cuanto al modo narrativo. El dúo protagonista, astronautas de profesión, aterrizan en un planeta donde dos especias distintas pelean entre sí: unos de forma cúbica contra otros de forma esférica. Desde luego, apenas llegan al lugar quedan accidentalmente involucrados en los acontecimientos de dicha antinomia, lo que dará lugar a diversas situaciones de enredos, confusiones  y situaciones tan inverosímiles como hilarantes. Ojalá los responsables de Comiks Debris le den cabida a posibles secuelas de este dúo, sea dentro de ¡Toing! o de sus Especiales.






D.E.S.Pareja



Cerramos la lectura de hoy con el título 13 de ¡Toing!, en el cual Rovella cede la responsabilidad gráfica a un colega y amigo, Javier Suppa. Y es irónico, porque el personaje pergeñado para esta historieta no cree en trabajos de equipo, optando por el desempeño solitario... a pesar de que la agencia de vigilancia y protección de para la que trabaja insiste en el trabajo en parejas. Lógicamente, en cada aventura tendrá una pareja que nunca estará a su altura... una forma elegante de decir que cada vez que intenta actuar en dúo siempre ocurren cosas inesperadas. El libro está partido en dos mitades bien diferenciadas en lo argumental: en la primera la acción de cada historia se narra en dos páginas autoconclusivas, mientras que en la segunda se desarrolla una aventura más compleja (por no decir más hilarante). Y como no podía ser de otra forma, el ingenioso autocameo con el que los autores meten mano en el desarrollo de la historieta.





Y eso es todo por ahora. La próxima semana, más libros de estas colecciones para reseñar.

sábado, 8 de agosto de 2020

Lecturas de fin de semana: Monsterville / Boris el virus / El Chispa


Otra semana, más libros para leer bajo la premisa de Banda Dibujada de fomentar la lectura y difusión de historieta infantil y juvenil. Y esta semana le toca el turno a tres títulos dispares entre sí.


Mosterville


Irónicamente, este título de la Colección Aventuras Dibujadas se adelantó en casi una década al espíritu alocado de las películas animadas de Hotel Transylvania. Sin embargo, su premisa es claramente diferente: los humanos que irán al castillo donde transcurre la historieta son tres niños que lo heredan de su difunto tío. Y los monstruos que lo habitan no solo no los quieren, sino que buscarán deshacerse de ellos de cualquier modo posible en los siete episodios recopilados. Y volviendo a lo anterior, el titulado Monsterville Hotel hace reír a carcajadas por la involuntaria comparación.

Con guiones de Jorh y dibujos de Diego Parés, Monsterville sorprende por el ingenio de sus diálogos a la par de la faz gráfica, la cual no da respiro y obliga al lector a una segunda lectura para no omitir detalles que pueden pasar desapercibidos... y no sorprende que el lector quiera realizar esa segunda lectura.


La presentación de los personajes del libro; cualquier semejanza con héroes galos, vivos o muertos, es pura coincidencia.





Boris el virus


Del cuarto libro de la Colección Aventuras Dibujadas pasamos al octavo, en el cual Jorh es el único responsable. En este caso, la sutileza con la cual el título deja en claro la simpatía que tendrá el lector por el personaje protagónico es explícita. Y más si tomamos en cuenta que el protagonista es un personaje que en la vida real ni sería simpático ni causaría ninguna alegría.

Realizada al mejor estilo del comic-strip americano, Boris es un virus que aparece infectando la computadora de Darío, el chico que lo adoptará como mascota. Una vuelta de tuerca original considerando que la tira es de finales del siglo pasado, cuando el temor a los virus informáticos era una novedosa realidad en esos tiempos. Lo más "natural" a destacar es la convivencia que tienen los humanos con el protagonista y sus amistades, como si fueran una parte normal del entorno de uno... en estos precisos momentos más de uno debería prestarle atención a este libro.






El Chispa

Cerramos esta entrada con el otro libro editado por La Vuelta al Globo, con un héroe conocido por los chicos que lo descubrieron en las páginas del periódico Crónica y por los no tan chicos en la página web de Comiqueando.

El Chispa es más legendario por su vida comercial que por su andadura en los formatos que le tocó vivir. La propuesta de Gustavo Secreti fue difundir a este héroe adolescente del Conurbano Oeste de manera masiva y no convencional para acercar la historieta a quienes no tuvieran acceso a su lectura, sin importar las razones existentes; por tal motivo llegó a aparecer en medios gráficos de difusión gratuita en simultáneo con su presencia en Internet. Parte del contenido de este libro está compuesto por dicho material, el cual cuenta con el arte de Gustavo Lucero.

Debido al mínimo espacio disponible en cada entrega, cada página presenta una situación autoconclusiva, aunque en algunos casos se pueden ver historias serializadas. Pero así y todo el planteo en cada una permite el desarrollo e interacción de los personajes. Además del protagonismo de Leo, se destaca la presencia de Zonda, héroe cuyano cuya existencia data de un especial en papel de la extinta Comiqueando Press. Otro tema a destacar es que parte de la "chapa" que tiene Leo se debe a la concientización que plantea en los lectores ante algunas situaciones, sin caer en la redundancia moralista que se puede observar en las series animada de antaño.



Y eso es todo por esta semana. La próxima, más libros.

sábado, 1 de agosto de 2020

Lecturas de fin de semana: Todo Tiburcio (hasta ahora)

Dedicatoria a cargo de los autores, de la Feria del Libro 2013. 


Como indiqué alguna vez, reseñaré la totalidad de libros aparecidos entre cinco editoriales que se unen a la misma premisa: adherirse al compromiso de Banda Dibujada por desarrollar y fomentar la lectura de historietas para público infantil (y no tanto). Un esfuerzo que ya superó una década de existencia, con varios logros en su haber, como lo prueba la treintena de libros editados que leí con gran placer y cuyas reseñas empieza con un personaje ya conocido por el público: Tiburcio.


Tiburcio 1 y 2




Batracio Ediciones fue el esfuerzo de autoedición que Diego Greco y Alejo Valdearena encararon para poder llevar al personaje salido de Poco y Nada de la efímera vida de la revista Viva a la permanente presencia en nuestras bibliotecas. De formato apaisado (21 x 15 cm.), la lectura de ambos títulos involucra una tira por cada dos páginas, respetando así como era publicada originalmente en la mitad superior de dos páginas de la revista dominical, cuya mitad inferior era usada para mensajes educativos / de conciencia a los lectores basados en la tira, o para ilustrar a lectores que participaran de las consignas impulsadas en cada edición. Retrospectivamente, esta diagramación permite disfrutar más el arte y planteo gráfico implicado en cada entrega de la historieta, pero hoy todo este material más el que se recopiló en el tercer volumen de este personaje podría editarse en un solo título, remontando las tiras para adaptarse al formato de álbum reducido (24 x 17 cm.) que componen las otras ediciones que verán más adelante. Es una idea que podría funcionar en un futuro cercano, dado que Batracio Ediciones ya no existe y Tiburcio merece su supervivencia en el imaginario popular. Ambos libros incluyen sendos poemas ilustrados a modo de bonus en sus páginas finales: uno protagonizado por el Gaucho Zombie en el primero, y el titulado Fané y desconectado, basado en las últimas tiras de Tiburcio 2.



La premisa es básica y funcional: todo gira en torno a la vida de Tiburcio. Sus amigos, su afición por el Gaucho Zombie, su amor aparentemente imposible por Abril, sus padres, su mascota Batracio, la escuela, etc. Por momentos los diálogos y situaciones se aproximan bastante a leer Mafalda, pero los autores ponen sus recursos a full para que la historieta tenga su propio vuelo e impronta.





Tiburcio en concierto / Tiburcio se pone mimoso




Ya de la mano de Comiks Debris el niño dientudo pudo tener más presencia en las bateas de librerías y comiquerías como parte de Los especiales de ¡Toing! Colección. Tiburcio en concierto respeta el formato apaisado con las características ya enumeradas con las últimas tiras aparecidas en Viva, mientras que Tiburcio se pone mimoso adopta el formato habitual de ¡Toing!, debido a que recopila parcialmente el material publicado en la revista Billiken. También se incluyen poemas ilustrados como bonus protagonizados por el Gaucho Zombie: Zombie sin esperanza, una versión libre de Zamba de mi esperanza, y El Gaucho Zombie y el Lobizón, con el recurso de tapa flip para que tenga su propia portada y orientación de lectura del libro.



En esta última etapa de la historieta su evolución nos permite seguir viendo; lamentablemente, la situación que atraviesa Billiken causó que Tiburcio quedara nuevamente trunca, con un parate que todavía sigue. Ojalá el tiempo nos permita verlo de nuevo en alguna publicación y/o en futuros nuevos títulos de Tiburcio, ya que su público merece verlo vivito y activo en las librerías.

martes, 9 de junio de 2020

Tato Bores y su Monólogo 2000



El 9 de junio de 1990, Tato Bores, el Actor Cómico de la Nación, pronunció el famoso Monólogo 2000, durante la emisión de su programa televisivo, que en ese año se llamaba Tato Bores en busca de la vereda del sol, y que aparecía en la pantalla de Canal 13.

Tato pronunciaba sus monólogos cada domingo, mezclando la actualidad con toques de humor y su aguda ironía, haciendo reír a los televidentes mientras tiraba algunos palos a los políticos de aquel entonces (muchos de los cuales, por desgracia, aún siguen en actividad, haciendo las mismas cosas por las cuales Tato les tiraba palos).

Para 1990 Tato llevaba treinta años en la pantalla chica, por eso, cuando pronunció su monólogo número 2000, decidió cambiar las reglas del juego y hacer un repaso de esos años, demostrando que sus palabras pueden haber cambiado, pero los problemas de la Argentina no.

Tato continuó con su programa hasta el 15 de diciembre de 1993, en Telefé, cuando su programa se titulaba Good Show (las palabras con las que cerraba cada monólogo). De hecho, su último monólogo coincidió con los festejos de los primeros diez años de Democracia después de la última dictadura militar. En esa última ocasión repitió el esquema del Monólogo 2000 e hizo un repaso de lo que sucedió en esos primeros diez años de democracia... con los mismos resultados.

Tato murió el 11 de enero de 1996, pero su humor (y los problemas que nos atormentan a diario) siguen vigentes. Por eso, a treinta años justos de su pronunciamiento, les dejo para leer el Monólogo 2000.


Una aclaración: los acontecimientos descriptos por Tato llegan hasta 1990 solamente. En los siguientes treinta años hubo más Presidentes y Ministros de Economía, más devaluaciones e inflaciones, y otras calamidades que Tato no llegó a ver. Y eso es lo irónico de este monólogo: es odiosamente actual. Parece como si Santiago Varela se lo hubiera escrito ayer. Por eso él hace esa advertencia a los políticos y funcionarios al final del monólogo, la cual aún sigue vigente.





Monólogo 2000


Bueno, señores, ¡Monólogo 2000!

¡30 años metiendo libretos debajo de esta peluca! Miren, esta noche en lugar de hacer un monólogo con lo que pasó esta semana, con la actualidad, esta semana vamos a hacer un monólogo recordando lo que pasó en los últimos 30 años a ver si aprendemos algo, ¿eh?


Señores: cuando allá por 1960 puse la jeta por primera vez delante de los orticones, no existía la televisión a color, no existía Maradona, no existía el Austral (es decir, el Austral tampoco existe ahora pero es otra historia), no existía el control remoto, no existía el yogur descremado, pero sí, sí existía Don Álvaro; sí señores, sí: Don Álvaro, ¡el papá de la nena! Si bien Don Álvaro empezó a curtir gabinete como Ministro de Industria allá por el año ‘55 en la “Libertadora”, que no tiene nada que ver con la Copa Libertadores, porque recién con Arturo Frondizi se convirtió en Ministro de Economía. Porque les voy a decir más: antes de Don Arturo Frondizi no existía el Ministerio de Economía; dicen los memoriosos que para aquellos años había un poco de guita en el Tesoro y entonces con un Ministro de Hacienda tipo Serelco, ¡alcanzaba! Con la mishiadura aparecieron los Ministros de Economía.

Lo que no queda muy bien claro es si la mishiadura trajo a los Ministros de Economía o si los Ministros de Economía trajeron la mishiadura. Lo que pasa es que hace 30 años que tenemos las dos cosas.

Por aquellos años, Don Álvaro Alsogaray se mandó la famosa frase “Hay que pasar el invierno”. Y pasaron, y pasaron los inviernos, y las primaveras aparecieron y aparecieron; lo único que no apareció fue la guita. Y también por aquellos años ‘60 comenzaron los planteos militares a Don Arturo Frondizi. En realidad el primer planteo fue el 8 de julio de 1958 pero en dos años le enchufaron 30 planteos; y aquí con Don Alfonsín tuvimos dos planteos con los muchachos de la pomada, ¡calcule lo que habrán sido 30! La cuestión es que los muchachos, al final, lo rajaron, y cuando el general Poggi estaba ya listo para asumir como presidente apareció José María Guido (también conocido como “José Dondemepongo”), pego un Per Saltum, entró a Tribunales, juró como Presidente ante la Corte Suprema, se coló por un intersticio en una puerta de la Casa Rosada, se sentó en el sillón, y cuando Poggi se dio vuelta le dijo: “¡Acataá!”

La cuestión es que Don Guido trajo a otro prohombre de la economía: Don Federico Piñedo que dijo que “hay que hacer las cosas rápido” y se mandó en un solo día una devaluación del 21% y mandó el Dólar a la astronómica suma de 99 Pesos Moneda Nacional de curso legal. (Chicos: si ustedes no saben lo que es eso, la Moneda Nacional de curso legal, pregúntenle al abuelo, ¡pero no me lo hagan llorar demasiado!).

La cuestión es que Don Piñedo se las tomó ofendido por las críticas que despertó esa devaluación y entonces apareció de vuelta Alvaro II, que viene a ser como “Highlander II”, “Tiburón II”, “Rocky II”, una cosa así. Como el tema de “Hay que pasar el invierno” estaba gastado, Don Alvaro inventó otra cosa: inventó el “Empréstito Patriótico Nueve de Julio”, llamado también “Los bonos de Alsogaray”. Los que se los quedaron, la verdad, se ganaron mucha guita; los que no nos los pudimos quedar, ¡pa' que' le via' contar! Es otra historia...

Mientras tanto los militares, que no tenían nada que hacer, se pusieron a jugar a los soldaditos entre ellos: hicieron una raya y dijeron: “Colorados de este lado, Azules de este otro lado y gana el que tiene más tanques”.

Nosotros, los civiles, que no teníamos arte ni parte en el asunto, porque únicamente ligábamos una bomba que nos reventara la casa, estábamos tranquilos porque tanto Azules como Colorados decían que todo lo hacían por el bienestar de la gente y por la salvación de la patria; de donde se deducía que la salvación de la patria estaba en manos del que tenía más tanques, ¿comprende?

La cuestión es que en el año ‘63 le tocó el turno de vuelta a un presidente constitucional y apareció Don Arturo Humberto Illia, uno de los pocos cordobeses nacidos en Pergamino que se conocen. Don Arturo Humberto Illia nombró como Ministro de Economía a Don Eugenio Blasco que muere en el cargo y entonces mi gran amigo Juan Carlos Pugliese asume como Ministro de Economía (empieza, mejor dicho, su carrera como Ministro de Economía suplente en todos los gabinetes radicales). Pero como las cosas buenas duran poco tiempo, antes de cumplir los tres años los muchachos de la viñeta le dan el raje a Don Arturo Humberto Illia y designan, en elecciones limpias, y por unanimidad (3 votos) a Don Juan Carlos Onganía.

El hecho de que Don Juan Carlos Onganía en la época del enfrentamiento entre Azules y Colorados haya sido Azul y legalista, y después se convirtió en golpista, y de hecho, Colorado, es porque a veces, la gente, destiñe.

La cuestión es que a Don Arturo lo rajaron porque decían que era muy lento, que era una tortuga. Ahí tuvimos un cacho la culpa todos porque los sindicatos, la C.G.T. le tiraba tortugas en Plaza de Mayo, los medios en contra, los periodistas en contra, los humoristas le hacíamos chistes (éramos una manga de boludos, que pa' que' le via' contar); porque el problema no era que Don Illia era lento: el problema es que los que vinieron después fueron... fueron rápidos, ¡y fuimos derecho pal' cara... melo, fuimos, pero bah, pero rápido!

Claro, no todo fue negrura en aquellos años porque en el ‘66 hubo avances: porque después de la “Noche de los Bastones Largos” cerraron todas las facultades y entonces todos los investigadores, científicos, matemáticos, laburantes de las neuronas avanzaron: avanzaron hacia la frontera y se las tomaron y no volvieron nunca más. Después, apareció algún premio Nobel que volvió: a saludar a la familia y se las volvió a tomar, ¡total...!

Para 1969 el Ministro de Economía era Adalbert Krieger Vassena que había mantenido el Dólar más o menos estable; pero de pronto apareció Don José María Dagnino Pastore y, como el Dólar ya estaba a 350 mangos, le arrancó dos ceros porque inventó el Peso Ley 18.188, íntimamente llamado “Peso Ley”. Don Juanca, en aquellos años pensaba quedarse 20 o 30 años, pero apareció el “Cordobazo”, el “Rosariazo” y el país se movió como un “Flanazo”. O sea que para los finales de 1970 los muchachos de la viñeta le dieron las gracias por los servicios prestados a Don Juanca I y después designaron en elecciones limpias y por unanimidad a Roberto Marcelo Levingston.

Roberto Marcelo Levingston es el único presidente en toda la historia argentina desde 1810 hasta la fecha que cuando lo designaron ¡no lo conocía ni el loro! Vea, en las redacciones, no sabían cómo se escribía el nombre; no había una foto de él; cuando, a la noche, en la sexta apareció “Levingston Presidente”, la gente preguntaba “¿pero presidente de qué país será este buen señor?” ¡Y porque para colmo, cuando lo designaron él estaba en la Junta Interamericana de Defensa en Washington! Así que aquí estábamos como los indios que se golpean el codo: ¡en bolas, y a los gritos!

Por fin, Don Levingston apareció y dijo “soy el presidente” y se sentó en el sillón a esperar órdenes. Lo que pasa es que el problema fue que mientras estaba esperando las órdenes empezó a jugar un jueguito que decía: “pese a todo, yo soy el presidente”. A Don Lanusse, que era el inmediato superior, no le gustó nada la cosa, pero roce va, roce viene, Don Levingston lo destituye a Lanusse, Lanusse escucha eso, caza el tubo y lo destituye a Levingston, y como donde manda Teniente General, no manda General de Brigada, Levingston volvió rápidamente al anonimato. Cansado ya de echar presidentes (había echado dos), Don Lanusse penso: “Para pensar como yo, nadie como yo”. Entonces agarró y se nombró presidente sin dejar el cargo de Comandante en Jefe. ¡Astuto el hombre! Y enseguida inventó una cosa que se llamo el G.A.N.: “Gran Acuerdo Nacional”. Y lo mandó al Coronel Cornicelli a verlo a “Puerta de Hierro” a mi gran amigo Juan Carlos Can... ¡Juan Carlos no!, ¡Juan Domingo, Juan Domingo! ¡Juan Domingo Cangallo! y le dijo que si entraba en el G.A.N. le devolvía todos los sueldos del ‘55 hasta la fecha. El viejo dijo “Lo primero es lo primero”, cazó la mosca, lo dejó al gobierno con el G.A.N. y con las ganas. Y entonces Don Lanusse se chivó y se mandó la famosa frase que “El viejo no vuelve porque no le daba el cuero”. Pero como el viejo debajo de las arrugas todavía le quedaba un cacho de quiero... de cuero, volvió para mostrarlo en vivo y en directo y formó un frente cívico que se llamo “FRE.CI.LI.NA.”. Pero como la Frecilina tenía nombre de antibiótico lo cambiaron por “FRE.JU.LI.”. Escuchen: Frecilina, Frejuli, Frejupo, ¡son todos remedios del mismo laboratorio! Vienen en píldoras, en inyectables, en supositorios, ¡úsenlos como les den las ganas!

La cuestión es que en aquellos años ‘73 apareció “La Nueva Fuerza”, un partido político inventado por mi gran amigo Alsogaray que tenía como candidato a presidente a mi gran amigo Julio Chamizo, ¡el que quiere acordarse, que se acuerde! La cuestión es que el 25 de mayo de 1973 asumió el tío, no este, otro tío, el tío, el tío Héctor J. Cámpora, y como el eslogan era “Cámpora al gobierno, Perón al poder”, los muchachos del bombo rápidamente renunciaron a Don Héctor. Renunció el presidente, renunció el vicepresidente, renunció el presidente provisorio del Senado Díaz Vialisi, una cosa ahí, que sé yo lo que hicieron. La cuestión es que quedó como candidato a Presidente de la República el presidente de la Cámara de Diputados Raúl Lastiri, ¡que casualmente era yerno de López Rega! La cuestión es que Lastiri (conocido también como “José Corbata”, porque tenía un montón y le encantaban) llamó a elecciones y ganó por unanimidad la fórmula “Menem-Menem...”, ¡digo, no! La fórmula “Perón-Perón”. Perón se muere, y de estar mal pasamos a estar peor porque viene Isabelita y lo trae a Celestino Rodrigo, que se manda el famoso “Rodrigazo”, ¡que nos deja a todos con el tuje pal' norte! La moral de la historieta es que Don Celestino, que yo sepa cabe destacar, y que yo sepa, fue el único Ministro de Economía, que se comió cana por cuestión de su gestión como Ministro, cosa que no le ha pasado a ningún otro Ministro de Economía... nunca más, se han salvado todos, ¡la verdad es que es un misterio, que no sé por qué!

¿Cómo seguía esto? ¡Ah, sí!

Después de Celestino Rodrigo, después de Celestino Rodrigo apareció Tony Cafiero, sí, sí, sí, Tony Cafiero, el del “Sí”, el del “Sí lo hubiera sabido no llamaba a plebiscito”. Y después de él apareció Mondelli (que Isabel decía “no me lo toquen al gordito...”).

Cuando se murió Perón (es una acotación que le voy a hacer yo), estaba laburando en este canal, me llamaron para decirme “Vamos a parar un poco con los programas humorísticos, hay que hacer duelo”, y yo pensé que estaba bien para que lo suspendan un par de semanas... ¡La verdad es que no lo suspendieron un par de semanas, lo suspendieron un par de años! Porque después vinieron los muchachos del ‘76 de vuelta y la siguieron... ¡Porque en aquel entonces eran largos los duelos, ¿comprende?!

Y así llegamos, a la época del Proceso, de los Ministros de Economía, era de José Alfredo Martínez de Hoz, y el Proceso lo voy a pasar por alto porque, la verdad que... no, mejor no recordarlo, ¿cierto?

Por eso hice un Per Saltum y aparecí en la Democracia, en 1983, con Alfonsín, Grinspun, Sourrouille, el Austral, el Desagio, Juan Carlos Pugliese II, el Bolonki, y Jesús Rodríguez, casi como Jesús termina crucificado. Mientras en estos tiempos la Hiperinflación y los empresarios le apretaban el gañote a Don Raúl Alfonsín, apareció Carlos Saúl I, primer presidente electo que decía que tenía el equipo formado, ¡listo para salir a la cancha y ganar por goleada! Don Raúl, que quería quedarse 6 años, ni un día antes, ni un día después, no le quedó más remedio que tirar la esponja y de paso le tiró el gobierno por la cabeza a la patilla más gorda de América, Carlos Saúl I...


Y aquí estamos señores. ¡30 años! 30 años bancándose 16 Presidentes y 37 Ministros de Economía que se la pasaron diciendo “Esta es la crisis más grande que está sufriendo el país”, “Hay que reducir el gasto público”, “Hay que laburar más”, “Hay que invertir en el ispa”... Mientras tanto, ¿quieren que les diga una cosa? Miren, a éste Peso Moneda Nacional le arrancaron dos ceros por este otro Peso Ley 18.188; a éste le arrancaron cuatro ceros por este otro Peso Argentino, y como si esto fuera poco le sacaron tres ceros más por este Peso... por este Austral. O sea que extirparon, le extirparon nueve ceros a este pesito de acá delante. Y como este Austral equivale a mil millones de Pesos Moneda Nacional, y como en aquel entonces se compraba con 83 Pesos Moneda Nacional, un Dólar, este Austral equivale a 12 millones de Dólares... ¡Lo cual parece un chiste, si no fuera una joda grande como una casa...!

Y yo todavía, yo todavía tengo confianza, tengo confianza, por eso le digo a los políticos y a los funcionarios (no a todos los políticos ni a todos los funcionarios porque hay que preservar las instituciones), a algunos políticos y algunos funcionarios que están ahí viéndome, ¡si siguen haciendo las cosas que están haciendo yo voy a tratar de estar acá todo el tiempo posible para seguir jodiendo! Y para cuidarlos también... ¡Y para preservarlos de la máquina de cortar boludos! Porque si pusiéramos la máquina de cortar boludos dentro de la máquina del túnel del tiempo, y se pusiera a cortar boludos históricos con retroactividad... ¡otra hubiera sido la historieta hoy! Historieta que como país, no creo que nos merezcamos (esto lo dice mi libretista, Santiago Varela... yo... ¡no estoy tan seguro! Un cacho de culpa tenemos también...).

Por eso les digo, mis queridos chichipíos, a seguir laburando, vermouth con papas fritas, y... ¡¡¡GOOD SHOW!!!

viernes, 1 de mayo de 2020

El otro 1° de mayo: El Eternauta, veinte años después



Seguramente muchos se preguntarán a qué se debe semejante título. Pero hoy es una fecha especial para mí, porque fue en la Feria del Libro 2000 que conocí oficialmente al Eternauta.

Siempre surge la pregunta de cuándo y cómo tuvimos contacto con una determinada historieta, especialmente cuando es una que está entre las lecturas "obligatorias" por formar parte de la cultura general. En este caso tiene un tinte especial pero no por su argumento ideológico o por las circunstancias en las que se volvió tan icónica, sino por la errónea doble lectura que se le pretende dar en estos momentos tan particulares, no solo para los argentinos sino para todo el planeta. Veinte años atrás encontré este megalibro, edición "especial" de Ediciones Récord (tal vez lo último que hayan editado -o reeditado-) y lo pagué a un precio irrisorio incluso para la época, en un stand entre tantos de la Feria, en el día más atestado y caótico, donde no se podía dar un paso sin pisar al que tuviera al lado. Hoy, cuando no se nos deja caminar libremente por medio al contagio de un virus que aún no ha sido contenido, recorrer sus páginas y redescubrir el terror hacia el "odio cósmico" adquiere una dimensión impensada.




"Hoy todos somos como Juan Salvo, el Eternauta" aseguran con el mismo grado de error tanto los que se presentan a sí mismos como especialistas en el noveno arte como los que no lo son y leen por puro gusto. Y a continuación explico por qué. El crudo y descarnado relato que hace el propio protagonista al guionista al que se le aparece (Germán, el propio Oesterheld, como quedó corroborado en las secuelas realizadas años después), nos muestra como cae una nevada supuestamente radioactiva, la cual mata a quien esté expuesto por simple contacto. Esto "bastó y sobró" para hacer la consecuente comparación con el COVID-19, el gran antagonista mundial de este año en el mundo real. Y justamente ese es el gran error: el virus que nos acecha no ataca con la misma facilidad. Se requiere de un contacto cercano con quien esté infectado, por lo cual el aislamiento forzado es una medida preventiva relativamente eficiente. Pero a su vez requiere que cada quien en su hogar ventile a diario las habitaciones y dependencias familiares a la vez que se las higieniza para mantener a raya su entrada a nuestro entorno más íntimo. En el relato, la realidad es muy diferente: no basta con quedarse adentro y a salvo; también se debe cerrar la vivienda herméticamente para evitar que los copos de nieve entren y maten a quienes toquen. Esa diferencia es abismal, ya que el estado de terror que se puede crear es evidente. Y si hay limpieza, es básicamente para desechar cualquier copo que logre ingresar a la vivienda. Ese es el detalle más relevante del inicio de la obra, ya que nuestro "quedate en casa" no corre, pero sí el "encerrémonos en casa".



Un encierro que enseguida se demuestra inútil para Juan Salvo y sus amigos sobrevivientes. No solo deben salir en tales circunstancias, sino que también deben aprovisionarse para soportar todo lo que venga a continuación. Y como la nieve es letal en extremo, no es con barbijos, máscaras y guantes sino con trajes herméticos que deben afrontar el peligro en las calles. Y salir, porque en eso radica la diferencia entre vivir o morir... aunque afuera el riesgo de muerte sea explícito.



Así y todo, no hay oportunidad para considerar que estamos encerrados en casa al leer esta obra. Sobre todo porque nos invita a desafiar los peligros que nos acechan, así como también ser más conscientes de lo valiosa que es nuestra vida y de la que nos rodean. Ya sea entre cuatro paredes o en la vía pública. Tal como lo hizo Juan Salvo hace tantos años.

Por eso es buena idea salir de casa en determinadas circunstancias.

viernes, 3 de abril de 2020

Azul y Oro: 110° aniversario de Boca Juniors



Un día de hoy de 1905 nació en la plaza Solís del barrio porteño de La Boca un club de fútbol que con el tiempo dejó una huella indeleble, ganando copas en todo el mundo y dejando para la posteridad nombres y hechos imborrables en la Historia.

Hoy el Club Atlético Boca Juniors cumple 110 años de vida como institución, y a modo de festejo rescaté un par de historietas que recrean la historia de sus primeras décadas:

- Azul y Oro se publicó originalmente en Patoruzito, segunda época, n° 68, de diciembre de 1968. Un detalle que delata la antigüedad de esta historieta es que alaba la construcción de la Ciudad Deportiva, supuestamente finalizada para 1970. Ahora que ya pasaron cuarenta años de la fecha prevista para su inauguración, y al ver que nunca se terminó, ni se utilizó, ni se piensa volver a intentar ese sueño... no parece colmada toda realización boquense.


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jueves, 2 de abril de 2020

Azul y Oro: 115° aniversario de Boca Juniors





Nota actualizada.


Un día de hoy de 1905 nació en la plaza Solís un club de fútbol que con el tiempo dejó una huella indeleble, ganando copas en todo el mundo y dejando para la posteridad nombres y hechos imborrables en la Historia del Deporte.

Hoy el Club Atlético Boca Juniors cumple 110 años de vida como institución, y a modo de festejo, rescaté una historieta que recrea la historia de sus primeras décadas. Azul y oro se publicó originalmente en Patoruzito, año VI, nº 68, de diciembre de 1968.












Un detalle que delata la antigüedad de esta historieta es que alaba la construcción de la Ciudad Deportiva, supuestamente finalizada para 1970. Ahora que ya pasaron 50 años de la fecha prevista para su inauguración, y al ver que nunca se terminó, ni se utilizó, ni se piensa volver a intentar ese sueño… no parece colmada toda realización boquense.